El convento de San Diego era la antigua recoleta de la orden
franciscana. Piezas que resultan de gran interés son el púlpito, un ejemplo de
la ornamentación barroca del siglo XVIII; la imagen de la Virgen de
Chiquinquirá; y el crucifijo por sobre el cual el bohemio padre Almeida salía a
sus jaranas nocturnas.
El inicio de su construcción se sabe de finales del siglo XVI. En 1598
la congregación franciscana obtuvo del Cabildo la autorización para levantar la
obra, bajo la dirección del padre Bartolomé Rubio. Entre este año y 1602,
quiteños acaudalados donaron terrenos, logrando una extensión de tres cuadras.
La sola concepción arquitectónica del Convento de San Diego ya es un
referente patrimonial. No obstante, al interior las joyas son mayores. Como el
artesonado de estilo mudéjar que adorna el cielo raso del presbiterio. El
púlpito principal de la iglesia también es tesoro. Su ornamentación guarda la
impronta del barroquismo del siglo XVIII y su diseño presenta un cáliz junto a
una viga que asciende entre columnas salomónicas.
En la pinacoteca de la iglesia se pueden apreciar lienzos alegóricos a
San Francisco de Asís, con firma de Andrés Sánchez. Pero entre los que destacan
están la "Misa Gregoriana", atribuida a Miguel de Santiago;
"Nuestra Señora de Chiquinquirá", de factura colombiana; el cuadro de
Cristo agonizante, de autor anónimo, que se dice inspiró la "Piedad"
de Caspicara; y la imagen de la Pasión del Señor, cuya autoría se confiere a
Francisco Albán. Una visita a este museo es un encuentro con al arte quiteño,
más allá de los nombres consagrados.
Dirección: Calicuchima No.117 y Farfán
Precios: $2
Horarios de Atención: lunes - Sábado, de 09h00 a
13h30, 14h30 a 17h00
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